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El terremoto que ha destruido amplias zonas del sur de China, con un número de muertos que aumenta a medida que pasan los días, ha dejado en la sombra el drama que viven los birmanos afectados por el ciclón Nargis.
Dos semanas después de la tragedia, la Junta militar sigue impidiendo la entrada de expertos en situaciones de emergencia a la vez que se resiste a admitir material de ayuda para las víctimas.
El número de muertos y desaparecidos supera los cien mil, y muchos más pueden morir en los próximos días si no reciben ayuda. Unos 30.000 niños, con un estado de salud muy deficiente por sus condiciones de vida podrían morir de hambre y frío, según la organización Save the Children.
La presión internacional no parece hacer cambiar a los militares. Francia ha propuesto la intervención de la ONU en el país, a pesar de la negativa del Gobierno birmano, y su ministro de Exteriores, Bernard Kouchner, ha calificado la actuación de la Junta militar de "crimen contra la humanidad"
La cerrazón de los militares ha obligado al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, a viajar esta semana a Myanmar para entrevistarse con el presidente de la Junta Militar, Than Shwe, que ayer realizó su primera visita a la zona afectada, quince días después del paso del ciclón.
Naciones Unidas afirma que unos 2,5 millones de birmanos han padecido los efectos del ciclón y que sólo un 10% de ellos han recibido algún tipo de asistencia por parte de las autoridades. Las últimas lluvias han destruido la cosecha de arroz, alimento básico de los birmanos, por lo que la situación podría agravarse en las próximas semanas.



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