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La Corte Suprema de Estados Unidos confirmó ayer que el derecho de cada persona a poseer un arma está garantizado por la Constitución y que no puede ser limitado en nombre de la seguridad pública.
Es la primera vez en casi 70 años que el Alto Tribunal se pronuncia sobre este delicado tema en Estados Unidos, considerado por una gran parte de la población esencial para la identidad estadounidense.
La Segunda Enmienda a la Constitución estadounidense dice que "siendo necesaria una milicia bien regulada para la seguridad de un estado libre, el derecho de la población a poseer y portar armas no será restringido".
La larga polémica sobre si este derecho era para todos los ciudadanos o simplemente para los pertenecientes a un cuerpo estatal de seguridad ha terminado tras la histórica decisión del Supremo.
Esta sentencia podría permitir a los defensores de las armas cuestionar las leyes locales que regulan la posesión y licencia de armas, fundamentalmente las instauradas para luchar contra la criminalidad en grandes ciudades como Washington, Chicago o Nueva York.
La ciudad de Washington prohibió en 1976 la posesión de armas de bajo calibre y sólo permite tener rifles o escopetas en casa con la condición de que estén descargadas o trabadas, medidas que contribuyeron a reducir la delincuencia y los asesinatos en la capital.
El candidato republicano a la Casa Blanca, John McCain, ha afirmado que la sentencia "reconoce que la posesión de armas es un derecho fundamental, tan sagrado como la libertad de expresión o de reunión".
El líder demócrata, Barack Obama, ha dicho que esta sentencia "nos permite al mismo tiempo proteger el derecho constitucional de portar armas y proteger nuestros barrios y nuestros hijos de la violencia".
Según varios estudios, hay al menos 200 millones de armas de fuego en circulación en Estados Unidos, para 300 millones de habitantes. Y aproximadamente 45% de los hogares estadounidenses posee al menos una.




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