.
Ese es el objetivo que parece sobrevolar por ese indefinible y heterodoxo espacio social llamado 15M y, en el caso de Zaragoza, por lo que se denomina Acampadazgz, el colectivo que mejor ha sabido conservar el espíritu inicial de este vendaval de indignados.
Mañana, Acampadazgz celebra un acto de reflexión y debate, de carácter casi exclusivamente organizativo, un encuentro en la plaza del Pilar para analizar errores y aciertos pasados, pero sobre todo para diseñar su funcionamiento futuro.
Como los malos educadores, muchos sectores del poder político, económico y mediático, han resaltado los errores del movimiento mientras silenciaban sus aciertos. En unos casos lo han hecho de manera burda y obscena que solo creían los fundamentalistas de sacristía. En otros, los más peligrosos, lo han presentado envuelto en papel de regalo envenado.
El 15M ha sido, sin lugar a dudas, el movimiento social más importante que ha vivido este país desde hace décadas, a una gran distancia de lo que está sucediendo en el resto de Europa.
Nunca se había dado un despertar colectivo de conciencias como el habido esta primavera. Nadie había sido capaz de sacar a la calle a millones de personas sin consignas previas, sin banderas y sin bocadillos.
Ningún movimiento había levantado antes tanta expectación, tanta ilusión, tanta entrega. Nadie antes había logrado que la política saliese de la barra del bar a las plazas. Nadie ha sabido expresar con sus lemas el sentir y la rabia de millones de personas.
Nadie antes había acertado a la hora de identificar dónde estaba el 'mal'. Porque, como dice el 15M, el problema principal no es la crisis, ni los políticos, ni los banqueros, ni las instituciones. El problema es el sistema. Un sistema obsoleto que ya no sirve y habrá que cambiar por otro.
En unas pocas semanas y sin apenas medios, ha sabido desenmascarar entre amplias capas de la sociedad el poder obsceno del mercado, la avaricia de los banqueros, la hipocresía de los políticos, las limitaciones de esta democracia y la sumisión de la política a la economía.
La situación política, económica y social era el escenario más apropiado para un movimiento populista que, con unos líderes mediáticos y un lenguaje adecuado, podría haber guiado al país hacia un fascismo más o menos 'dulce'.
El 15M podría haberse deslizado por esa ladera o por la del radicalismo izquierdista de enfrentamiento violento contra el poder. Y hubo momentos críticos que podrían haber dado al traste con su futuro.
Pero, quizá inconscientemente, ha sabido medir sus acciones para lograr el apoyo, presencial o emocional, de millones de personas, en unos casos, o de grupos heterogéneos de activistas mas comprometidos, en otros.
La ocupación de espacios públicos por miles de participantes, en foros, asambleas o concentraciones, sin permisos de la 'autoridad', es la mayor desobediencia civil que se ha vivido en la historia reciente de este país. Una desobediencia pacífica, pero firme y decidida
Nunca como en estos meses había habido en España tal cantidad de protestas, manifestaciones, sentadas y caceroladas sin ningún conato de violencia denunciable, a pesar de la brutal y desmedida actuación que en ocasiones ha mostrado la policía.
El movimiento 15M ha tenido hasta ahora un fuerte componente emocional. Y las emociones tienen fecha de caducidad. Por ello hay que saludar toda iniciativa que promueva el debate y el análisis. Porque de la indignación hay que pasar al compromiso, y del compromiso, a la acción. El mejor y casi único camino para lograr un cambio global y profundo del sistema.
.