05/03/13

El fracking, la guerra en el subsuelo


La industria defiende que es la salvación frente a un futuro energético incierto, un método revolucionario que facilitará la recuperación económica. Para entidades sociales y ecologistas no es más que un intento a la desesperada de mantener un modelo obsoleto y un enorme riesgo para el medio ambiente y la salud pública.


La polémica sobre la fractura hidráulica, el fracking, una agresiva técnica utilizada para extraer gas no convencional del subsuelo, ha llegado a diversas regiones españolas con distintas respuestas por parte de las administraciones públicas.

El fracking se utiliza para obtener gas natural de esquisto a grandes profundidades del subsuelo. La técnica consiste en perforar un pozo a entre dos y cinco kilómetros de profundidad e inyectar a presión enormes volúmenes de agua, arena y productos químicos para fracturar las capas de pizarras y hacer aflorar el gas.

El sistema entraña riesgos considerables. Lo más peligroso es que gran parte de la mezcla líquida que se inyecta no se recupera. Una parte salta a la superficie y otra se queda en el subsuelo, con la consiguiente contaminación de acuíferos y otras capas freáticas, según los ecologistas.

La empresa Montero Energy, filial española de la canadiense R2 Energy, ha presentado varias solicitudes en toda España para hacer prospecciones en busca de hidrocarburos. El Gobierno de Cantabria tramita su prohibición, mientras que el Parlamento de Aragón se ha posicionado en contra. La Generalitat valenciana podría permitirle en las próximas fechas iniciar investigaciones en Castellón, ante el rechazo de ayuntamientos, movimientos sociales.

Sobre este proyecto, un grupo de profesores universitarios han firmado un manifiesto contra estas prácticas a raíz de un informe elaborado entre otros por el catedrático de Geología de la Universidad de Zaragoza José Luis Simón.

En el resto de Europa países como Francia, Bulgaria, República Checa o varios Estados alemanes han optado por prohibir las prospecciones con esta técnica. Reino Unido, que las había prohibido en 2011, ha vuelto a autorizarlas con la condición de que se efectúen bajo un intenso control sísmico.

En Estados Unidos, el único país donde está extendida la fractura hidráulica desde hace algunos años, se han dado casos de contaminación con gas de las conducciones de agua y algunos vecinos han denunciado el peligro prendiendo fuego a las emisiones que salen de los grifos de sus casas.

Una vez realizada la perforación vertical del pozo, que puede alcanzar los 5.000 metros de profundidad, se construye una tubería de alrededor de un kilómetro de largo. Es por ella por donde se inyecta agua a presión con gran contenido de productos químicos. Los ecologistas denuncian que solo una pequeña parte del agua inyectada retorna y que el resto se queda bajo tierra, en zonas con presencia de metales pesados, hidrocarburos y elementos radiactivos.

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