9/6/14
Felipe IV, Isabel de Borbón y los amoríos con el atrevido conde de Villamediana
Juan de Tassis y Peralta, conde de Villamediana, nació en Lisboa en 1582, y desde muy joven sintió vocación por las letras, por el juego, por las mujeres y por burlarse de cualquiera que le venía en gana. Su comportamiento irreverente le valió muchas alegrías y algún que otro sinsabor, hasta que llegó el último, que fue mortal.
El hombre, que visitaba asiduamente la corte, estaba enamorado de la reina Isabel de Borbón, casada con Felipe IV, quien no sospechó nada durante mucho tiempo. Un día, tras leer en palacio unos poemas suyos de amor, la reina le preguntó a quién iban destinados. Al día siguiente, Villamediana le envió un espejo como respuesta, acompañado de más poemas.
Una noche, los reyes se trasladaron a Aranjuez para presenciar la obra 'El vellocino de oro', de Lope de Vega. En medio de la representación, alguien lanzó una antorcha sobre unas cortinas y el fuego se propagó por toda la sala. Villamediana tomó en sus brazos a la reina Isabel para llevarla a palacio, pero tardó demasiado tiempo en llegar a su destino.
Y ahí empezó su infierno. Los rumores se desataron. Le acusaron de haber sido él quien había provocado el incendio y corrieron por la corte habladurías sobre sus retozones con la reina, lo que le obligó a retirarse de la vida cortesana y dedicar su tiempo a escribir poemas a una enigmática mujer, en quien todos vieron a Isabel.
El 21 de agosto de 1622, un desconocido le atravesó el cuerpo con una espada en la calle Mayor de Madrid, sin que apenas se iniciasen investigaciones para encontrar al asesino. Aquella noche, Felipe IV durmió más tranquilo en palacio.

La verdad del caso ha sido / que el matador fue Bellido / y el impulso soberano
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