El 'terrorismo anarquista' se está extendiendo por todo el país y cada vez hay más riesgo de atentados que rompan la paz social. Además, Podemos está utilizando el dolor de la gente para sacar un puñado de votos. Estas son las dos últimas patrañas soltadas este jueves por dirigentes del Partido Popular. ¿A qué profundidades ha llegado la cultura social para que esta gente siga gobernando? ¿Cómo han podido vaciar, tanto el PP como el PSOE, el pensamiento común de tal forma? ¿No tienen a nadie entre ellos que les pueda decir media docena de argumentos más sostenibles, que los hay, para criticar a Podemos y a las izquierdas alternativas?
El director general de la Policía, Ignacio Cosidó, ha advertido de que "3l terrorismo anarquista se ha implantado en nuestro país y existen riesgos de que atentados como el de la Basílica del Pilar puedan repetirse, aunque ha garantizado la firmeza de la Policía para que "nadie podrá alterar la paz social en las calles".
Interior está preparando un enorme dispositivo de vigilancia para el día de la coronación del Felipe VI, aunque ha afirmado que por ahora los servicios de inteligencia no han detectado ninguna amenaza especial.
También el vicesecretario de Organización del PP, Carlos Floriano, ha abierto la boca para desbarrar y ha acusado a Podemos de "intentar utilizar el dolor y el sufrimiento de la gente" para conseguir "un puñado de votos" utilizando "falsas promesas" que no se pueden aplicar.
En su opinión, los 1,2 millones de votos obtenidos el pasado 25 de mayo pertenecen a personas que les han apoyado "de buena fe" y que pueden verse defraudados por Pablo Iglesias y el resto de dirigentes de la nueva formación.
Floriano, que ya confesó estar "asustado" por los votos de Podemos en las elecciones europeas, fue el responsable de campaña del Partido Popular y resalta como uno de los garrulos más significativos de su partido.
Ayer humo concentraciones en varias ciudades para exigir un referéndum sobre la forma de Estado con una asistencia reducida en la mayoría de los casos. En Madrid, por ejemplo, había más policías que manifestantes, pero los agentes actuaron como si la protesta fuese multitudinaria impidiendo a la prensa realizar su trabajo.

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