Antes de pasar a mayores, quien aspiraba a vivir de la sacristía tenía que pasar por monaguillo y sostener la casulla del cura en la procesión. Aunque dicha figura también sirvió para los disfraces en fiestas escolares o carnavales. Al segundo caso pertenece Pablo Iglesias, quien a los cinco años se disfrazó de monaguillo con la pipa de su padre colgando de la boca y una expresión entre la duda y el enfado. Más serena es la mirada del que fuera jefe de los obispos. Rouco Varela parece que ya sabía entonces que lo suyo era vivir entre sótanos y sacristías.


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